Saturday, April 12, 2014

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¿Aún me recuerdas?
Aquí tienes. Dime que aún me recuerdas.
A veces yo no sé qué recordar.
¿Recuerdas lágrimas?
Yo no me arrepiento de su salada esencia, hay un cierto placer en ellas.
Al menos mirándolas con perspectiva.
¿Qué dicen?
Murmuran que estás vivo.




¿Qué fue de nuestra verdad?

Yo aún la oigo y me estremezco.

Pero Ariadne soy yo.

Así es estar vivo.

Soledad extraña

Saturday, November 17, 2012

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Soledad extraña cuando, aunque haya magia por doquier, solo tú puedas verla.

Stll dll

Friday, October 19, 2012

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         En una vida anterior fue una pequeña bailarina. Una pequeña muñequita danzante en su cajita de música, siguiendo con cada giro la frágil melodía del teclado de metal.

         De ahí ese anhelo continuo vertido en suspiros. Esa añoranza de algo desconocido, y el vacío que con nada se llena. La búsqueda de un simple escenario rezagado en que girar eternamente.

Friday, August 24, 2012

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      Mis tres pasos van a un ritmo dispar. Eso ya lo sé, pero no quiero bailar un vals distinto.

      Intento retirar esta armadura, demoler la máscara que me resguarda. Sé que mi escenario me ciega con tanta luz. Voy dando tumbos, cegada y siguiendo la hebra melancólica que solo parece perderme aún más en el labertinto. Es una armonía distinta a la del propio mundo, un reflejo equivocado. Pero son los tres únicos pasos que pueden llenar el vacío que siempre queda.

      Demoler los muros es doloroso. Pero con cada cuchillada, aprendes a sanar, a levantarte, a fortalecerte.

      Porque lo único importante es no olvidar lo que una vez soñaste... Y yo no lo he hecho.

Tuesday, May 22, 2012

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Pero solo él se acerca a los barrotes y los dedos de plata recorren su pelo encendido.
Con una única sonrisa todo cesa de dar vueltas.
El llanto reciente se refleja en sus ojos mientras los dedos de plata se hacen con la última lágrima.
Tan sola... tiembla su voz, frágil como la llama en la tormenta.
Al abrazarla, el frío se desvanece; el miedo, el dolor, el silencio.
Solo una palabra, una sonrisa, un gesto. Una sola palabra.

Sunday, January 22, 2012

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    La mano del espantapájaros rozó mi piel y esta se volvió helada. Solté un escalofrío mientras nos envolvía la luz de jade.

    «Monocromo», pensé. Y volví a temblar.

    El espantapájaros sonreía, como si deseara contagiarme la sonrisa. Pero en mi mente se debatían dos voces distintas y sabía que no podría callar a ninguna de ellas.

    El frío siempre se extendía rápido. Sabía que luego me sentaría junto al fuego y dejaría de sentirlo. Pero nunca desaparecería. El hielo seguiría dentro de mí, aguijonando mis entrañas. Podía haberme cubierto con el trozo de terciopelo carmesí, pero hacía tiempo que lo había perdido.

    Una dulce pieza de chelo y una de violín. Lejanas. Querían hacerse oír sobre la marea, pero no lo lograban.

    El espantapájaros me sonreía. A mí. Las voces se calmaron y una de ellas respondió a la sonrisa.




Wednesday, January 11, 2012

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    El terciopelo rojo arrastraba sobre las rocas, enganchándose y desgarrándose. Una lluvia de rosas se despeñaba desde las nubes negras y purpúreas. Bajo el cielo nocturno las olas se estremecían.

    El vestido no cesaba de enredarse en las rocas del acantilado, pero cada vez dificultaba menos el paso; poco a poco, se hacía más sencillo el caminar. Las rosas le pasaban por los hombros con suavidad, acariciando la capa con su caída, tan dulce que pareció apropiado desprenderse de la tela. Cayó el terciopelo sobre la roca y los hombros quedaron desnudos. El frescor de los pétalos contra la piel era embriagador; tanto, que se liberó también de la gargantilla y dejó el cuello al descubierto.

    Caminó sin tela que la retuviera, con el temblor apacible de los truenos y el sonido del oleaje bajo los pies, lejano, muy lejano.

    Entre la lluvia de rosas, una pareció quedar suspendida en el aire antes de caer. Permitió que le rozara la oreja y que se le depositara sobre el cuello.

    Entonces sintió un pinchazo. Primero sutil, como un pequeño pellizco, pero cada vez más profundo. Por un instante le invadió la rabia del oleaje y se llevó las manos al cuello. Tiró de la rosa, pero su aguijón permaneció dentro de la piel. La sangre se escurría por sus hombros mientras aumentaba el dolor. Parte de ella quiso regresar atrás y volver a cubrirse con su capa de terciopelo. Otra parte habría querido lanzarse al oleaje, pero, pese a todo, deseaba seguir sintiendo la lluvia.