Friday, August 24, 2012

 

      Mis tres pasos van a un ritmo dispar. Eso ya lo sé, pero no quiero bailar un vals distinto.

      Intento retirar esta armadura, demoler la máscara que me resguarda. Sé que mi escenario me ciega con tanta luz. Voy dando tumbos, cegada y siguiendo la hebra melancólica que solo parece perderme aún más en el labertinto. Es una armonía distinta a la del propio mundo, un reflejo equivocado. Pero son los tres únicos pasos que pueden llenar el vacío que siempre queda.

      Demoler los muros es doloroso. Pero con cada cuchillada, aprendes a sanar, a levantarte, a fortalecerte.

      Porque lo único importante es no olvidar lo que una vez soñaste... Y yo no lo he hecho.

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